Posteado por: agendanautilus | febrero 6, 2009

¿Qué hará el nuevo gobierno de Barack Obama para combatir el calentamiento global?

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Por Irma Amézquita

Barack Obama, el nuevo presidente de los Estados Unidos, parece la esperanza para muchos habitantes del globo en estos tiempos difíciles: crisis económica, guerra, resentimiento internacional, calentamiento global. La casa está que arde, ¿podrá el relevo presidencial apagar el fuego?
Hasta ahora, ¿qué parece significar la nueva administración de Obama para el medio ambiente? Sumérgete con el Nautilus y entérate.

Dos días antes de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, Barack Obama prometió al pueblo estadounidense un Apolo Verde, o sea, toda la voluntad y el dinero necesarios desde el gobierno para hacer posible la revolución energética que impida el calentamiento global y la contaminación de la tierra, el agua y el aire.

Todos los políticos prometen, pocos cumplen. Unos porque no quieren, otros porque prometen lo que no pueden cumplir. ¿En qué estado recibe Barack Obama la casa?
Desde su inicio, la administración de George W. Bush se rindió a los intereses de las industrias del petróleo, gas y carbón. Primero, el tejano no cumplió su promesa de campaña de regular al principal culpable del calentamiento global, la emisión de dióxido de carbono para la generación de electricidad; segundo, el expresidente desreguló la protección de especies en peligro de extinción para posibilitar la perforación y la extracción de petróleo de varios santuarios naturales; tercero, Bush se negó a implementar el Protocolo de Kioto sobre el cambio climático, lo que desanimó a los otros países. Y lo más grave: el gobierno de Bush armó una campaña de desinformación que negó durante años las evidencias del cambio climático, al extremo de censurar y amenazar a los científicos que divulgaban los datos que comprobaban el calentamiento global, como denunció en 2004 el reputado científico de la NASA, Jim Hansen.

Hasta ahora, Obama ha hecho varias promesas respecto al medio ambiente. En su discurso de toma de posesión el pasado 20 de enero, el nuevo presidente de Estados Unidos dijo: “Utilizaremos el sol, el viento y la tierra para dotar de energía a nuestros vehículos e industrias”. Su mensaje para el resto del mundo: “A los pueblos de los países pobres: juramos trabajar con ustedes para que prosperen sus campos y fluyan aguas limpias, para alimentar a los hambrientos y nutrir las mentes ávidas. Y a aquellas naciones que disfrutan de riquezas, les decimos que no permitiremos la indiferencia frente al sufrimiento más allá de nuestras fronteras, ni seguiremos consumiendo los recursos del mundo sin pensar en las consecuencias. Pues el mundo ha cambiado y nosotros debemos cambiar con él”.

La mayoría de los ambientalistas están de plácemes con el que llaman “el primer presidente verde del mundo”, según el periódico inglés The Guardian. La razón es que el plan de recuperación económica de Obama invierte la premisa de que cuidar el medio ambiente cuesta dinero. En vez de que el interés por la ganancia opaque la preocupación por el planeta, Obama propone que los principios del cuidado del medio ambiente dirijan el crecimiento económico. Y para eso, el equipo de Obama ha dicho que se invertirá hasta un millón de millones de dólares en transformar la manera en que Estados Unidos se proporciona energía a sí mismo: vehículos limpios, energía eléctrica basada en fuentes de energía renovables, edificios alimentados con energía solar, cinco millones de nuevos puestos de trabajo relacionados con el desarrollo sustentable. Y algunos expertos opinan que si la principal potencia invierte su mayor esfuerzo, Europa y China estarían dispuestas a hacer lo mismo. El resto del mundo, también.

Hasta ahora, las elecciones que ha hecho Obama de los miembros de su gabinete son alentadoras: John Holdren, el nuevo asesor científico presidencial, es profesor de política ambiental en la Universidad de Harvard y un hombre convencido de que vivimos subestimando la catástrofe que representará el cambio climático para la humanidad. Steven Chu, el nuevo secretario de Energía, anterior director del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, es un físico ganador del premio Nobel comprometido con las energías renovables. Otros integrantes del gabinete también han sido muy bien recibidos, como la bióloga marina Jane Lubchenco, a cargo de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica; o Harold Varmus del Instituto Nacional de la Salud de EEUU y Eric Lander, del Instituto Tecnológico de Massachussets, ambos a cargo del consejo de asesores del presidente en ciencia y tecnología.

Sin embargo, los escépticos no dejan de apuntar el enorme obstáculo que Barack Obama y su equipo tendrán que enfrentar: los intereses de trillones de dólares invertidos en el petróleo, el gas y los otros combustibles fósiles y todas las industrias derivadas.
La humanidad parece enfrentar un dilema parecido al de un adolescente adicto a la heroína: ¿seremos capaces de abandonar nuestra dependencia por los combustibles fósiles o moriremos con ella? La respuesta, en gran parte, la dará el país más poderoso sobre la Tierra en estos próximos años.

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