Posteado por: agendanautilus | febrero 5, 2009

Café Scientifique: José de la Herrán

José de la Herrán y Cristina Romo

José de la Herrán y Cristina Romo

Por Irma Amézquita. Productor a bordo: Víctor Magaña.

L: Café Scientifique con José de la Herrán. 3 de febrero de 2009.  Auditorio Pedro Arrupe del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Esta vez, la charla de café también fue un programa de radio con música en vivo y comerciales.
SFX SINTONIZANDO RADIO CROSS FADE FRAGMENTO ANUNCIO SAL DE UVAS PICOT (arch. 21)
(Arch. 22 0:23) Cristina Romo: De veras tengo el gusto de presentar ante ustedes al ingeniero José de la Herrán, quien además de brillar con méritos propios, es un digno hijo de su padre, del mismo nombre, quien instaló la primera radiodifusora cultural en este país …
(arch.  26) Fragmento piano. Fade out rápido.
(arch. 24 24:04) José de la Herrán: En México se está terminando de instalar el radiotelescopio más grande del mundo en su género. Tiene 50 m de diámetro o sea que no cabe aquí el plato. Imagínense ustedes sostener una mole de ese tamaño cuya superficie reflectora debe estar dentro de un décimo de milímetro de precisión. La masa de una locomotora que debe tener la precisión de un microscopio…
(arch. 22 0:59) Cristina Romo: Nuestro invitado, además de pianista y amante de la música, como ya nos consta, es un científico. Premio nacional de ciencias y artes, astrónomo, inventor, divulgador de la ciencia, académico, fundador de museos, escritor de libros, investigador SNI, coleccionista de aparatos de radiocomunicación, diseñador y constructor de telescopios y de cámaras de TV también, es fundador de asociaciones para hacer accesible la ciencia. Y ademas de todo eso es buzo, patinador, fue diputado federal y el primer mexicano que tuvo una computadora personal.
(Arch. 22 2:22) José de la Herrán: Le agradezco mucho, pero se le pasó decir que también sé arreglar planchas / (CR: Ay, perdón, tenemos por aquí algunas…) / pero cobramos diez pesos (risas).
L: Y la charla de radio fue sobre todo un relato en cuatro tiempos: el científico, el tecnólogo, el empresario, el público aficionado.
(Arch. 22 3:22) CR: ¿Qué hace posible la radiocomunicación, cómo se las ingeniaron aquellos que pensaron que el aire podía servir para eso, para comunicar a las personas?
(arch. 22 5:15 – 21:49) JH: / El gran científico inglés Maxwell / descubrió que el magnetismo y la electricidad eran dos partes de un mismo fenómeno y conjeturó que así como hay luz, debían existir otro tipo de ondas electromagnéticas de frecuencias más bajas y longitudes de onda más largas. ¿Qué onda? Entonces aparece Hertz, quien busca doctorarse en física. Helmholtz, su profesor, lo convence para que detecte en la realidad las ondas de las que hablaba Maxwell. ¿Qué ondas son éstas? / Y en el laboratorio que él tenía en la universidad en Heidenberg / Hertz usa una bobina de Rumford, le pone alambres a un lado y otro, sin saber que hacía una antena / Logra, con las chispas que produce la bobina, excitar la antena / y usa un arillo metálico con sus extremos apenas separados / si él lograba ver que cuando él excitaba su antena saltaba una chispa entre las dos terminales del anillo / Porque si a cierta distancia cuando él accionaba el transmisor / y el receptor que era este anillo, aparecía una chispa, quiere decir que había una comunicación. Y sí, efectivamente, lo logra demostrar. / ¡Chispas! ¿Pero cómo sabía que sí eran ondas? Hertz colocó una placa de lámina que recibió la señal del transmisor y la reflejó hacia otro punto, o sea que… / demuestra que sí eran ondas electromagnéticas porque respondían a la reflexión / que por cierto después en su nombre se les llaman ondas hertzianas / Esto cae en los oídos, más bien en los ojos, de un joven que andaba paseándose en Bolonia, en Italia / quien, de paseo en ferrocarril (SFX tren), lee el artículo de Hertz publicado en una revista / Entonces a este señor se le prende el foco –todavía no había focos, por cierto-, pero se le prende el foco teóricamente hablando. Dice (voz hombre joven): esto es una maravilla, si puedo enviar ondas puedo mandar información / y su papá estaba muy tristón porque él era un comerciante muy activo y decía ‘mi hijo se la pasa arriba en el desván con un acumulador y un motor y alambritos perdiendo el tiempo, qué lástima que no tenga yo un hijo que le entre a los negocios y que entienda de esto y lo otro’. /El joven Marconi le dice a su padre un día / voz hombre joven: Padre, quiero enseñarle un experimento que he logrado hacer’. / En la sala de la casa –una sala muy elegante- en una mesa como esta, tenía ya montado Marconi una serie de aparatos medio raros, con un acumulador por ahí y un timbre de estos eléctricos y le dice a su papá: / Marconi: Voy a subir a mi desván donde tengo el transmisor y cuando yo conecte el transmisor allá arriba, va a sonar el transmisor aquí abajo./ Y el papá, el niño este perdiendo el tiempo aquí con sus cosas. / Entonces suena el transmisor, sin ningún alambre de por medio. Baja Marconi hijo/ Marconi: ¿Escuchó usted? / Sí, pero cómo lo hiciste, esto es maravilloso’. / Marconi: Es mi trabajo que he estado haciendo en el desván. / ‘Cuánto dinero necesitas’. / Cuando Marconi logra transmisiones de cientos de metros de distancia, ofrece su invento al gobierno de Italia, su país, pero no le hacen mucho caso. / ‘Fíjese que estamos muy ocupados y no lo podemos atender, pero venga el viernes’. Va con su mamá y le dice ‘no me pelan’. Su mamá tenía  parientes en Inglaterra / El tío fulano era el jefe de comunicaciones telegráficas en Inglaterra, en Londres. / y en el país de la eterna bruma, donde es vital que los barcos puedan comunicarse a tierra, Marconi demuestra que puede enviar señales en el orden de un kilómetro. /Hace una prueba muy interesante de atravesar el canal de la Mancha, que son como 30 km / Despierta gran interés, le facilitan dinero para fundar una compañía y funda la Marconi Company / En 1901, ya con una empresa grande, habiendo equipado barcos ingleses con el equipo necesario de transmisión-recepción telegráfica, decide: ‘voy a hacer la prueba más difícil de todas: a ver si nos podemos comunicar Inglaterra con Canadá’ /y sí, llega la señal.
Pero hubo un escéptico. Lidde Forest publicó en los periódicos que los experimentos de Marconi eran una farsa / Por una razón muy simple: / las ondas viajan en línea recta y la superficie de la Tierra es curva, así que las señales que se enviaron desde Inglaterra saldrían paralelas a la Tierra y se irían al espacio; no llegarían a Canadá, que se encuentra del otro lado de la curvatura / Y esto causa una conmoción y una controversia / pero otro científico, Heavysight, explicó que las transmisiones eran posibles / ¿Por qué? Porque en las capas superiores de la atmósfera hay una región ionizada, de ciento y pico de km de altura, que es ionizada por la radiación ultravioleta del sol / y que esta capa ionizada es la que reflejaba las ondas. De manera que las ondas que habían salido efectivamente hacia arriba, las reflejaba la capa, las reflejaba hacia el mar, el mar también las reflejaba y después de varios reflejos podían llegar perfectamente bien a Canadá y darle la vuelta al mundo de hecho, lo cual es absolutamente cierto.
Dr. de la Herrán, es tiempo de que el público haga una pregunta.
(arch. 24 13:22) Soy Juan Carlos Núñez. Me contaba mi papá que cuando él era chico se divertían construyendo unos receptores con una piedra, un audífono y un alambrito. Según donde picaran en la piedra eran las diferentes estaciones que podían sintonizar. Me gustaría saber cómo funcionaban esos aparatos y si es muy difícil construirlos.
JH: No, seguimos haciéndolos, por cierto, ahí en el museo Universum donde yo trabajo o por lo menos voy (risas) / la piedra se llama Galena, es sulfuro de plomo, un cristal muy fácil de conseguir y que cuesta muy poco. Lo único que se requiere es la piedra galena, una antena que puede ser de cualquier tipo, un sintonizador, o sea una manera de sintonizar, esto es, pescar solamente una de las estaciones de entre todas las que transmiten, que también es muy sencillo de hacer y unos audífonos. / tiene la ventaja de que no necesita pilas, o sea no necesita corriente, de la propia antena toma la energía / aunque la piedra en realidad ya no se usa, hay unos diodos de estado sólido a base de silicio o de germanio, que funcionan perfectamente bien y que valen un peso o dos pesos cada uno.
Y antes de seguir con la historia de la radio, un interludio cómico a cargo de Arduro Suaves…
(arch. 23 0:37 – )De la comunicación instantánea a la mudez burocrática. / ¿Es un monstruo el espectro radioeléctrico? / El comportamiento de las ondas y otras conductas. / De Radio Ranchito a Radio Aldea Global. / Un spot radiofónico en cada hijo te dio.
FADE IN FRAGMENTO SAL DE UVAS PICOT (arch. 21). FADE OUT.
Y estamos al aire…
(arch. 24  0:40) Nada más aclarar que el aire no tiene nada que ver.
Ah, ¿no?
(arch. 24 2:03) Otro sabio, tal vez el más conocido de la humanidad, Albert Einstein, él mediante una explicación muy completa, establece que no se necesita el éter, las ondas se propagan en el vacío. No necesitamos el aire, que se usa tanto, indicando que estamos en el aire, y no, estamos en el vacío, muchas veces la programación lo demuestra (risas).
Sigue la charla entre nuestro invitado, el científico José de la Herrán y la académica experta en radio, Cristina Romo.
(Arch. 22 24:59) CR: ¿Cómo se da ese paso de la telegrafía sin hilos a la transmisión del sonido?
JH: Curiosamente, gracias a un invento de Lidde Forest, el mayor escéptico de Marconi: el bulbo triodo. Es un nuevo dispositivo al vacío que puede amplificar las ondas electromagnéticas, las ondas de radio / Edison había desarrollado un micrófono de carbón, conectando un micrófono de carbón a un bulbo inventado por Lidde Forest, se podían hacer muchas cosas. Y el que encuentra la forma de aplicar el bulbo es un estudiante jovencito / Armstrong, brazo fuerte, él desarrolla la aplicación que Lidde Forest no supo desarrollar, pese a ser él el inventor, pero Armstrong era muy listo y encuentra cómo se puede amplificar, oscilar el bulbo y cómo puede servir para recibir también señales. / El micrófono modula la señal de radiofrecuencia que se radía mediante una antena y se capta con un receptor / con un bulbo trabajando al revés, por decirlo así.
Qué buena onda…
Y después del científico Maxwell, el tecnólogo Hertz y el empresario Marconi, llegó el tiempo de los radioaficionados, que expandieron los usos y los saberes de la radio. Es tiempo para otra pregunta del público:
(Arch. 24 27:38) Con tantas ondas que hay viajando en el vacío, de tantas radiodifusoras, de tele, de todo, ¿es posible que nos afecten…
JH: Hay mucha gente que dice que si los teléfonos celulares que si esto, que si lo otro, yo no creo nada de eso. Porque yo he vivido más de 50 años metido en una radiodifusora ya fuera de radio o de TV, con campos electromagnéticos que encienden un foco aquí en el aire y todavía estoy aquí (risas). / No, yo creo que no hace ningún daño y desde luego pues el cuerpo humano es transparente al igual que la mayoría de las paredes a las ondas electromagnéticas, yo he estado en un campo muy intenso / se siente el calorcito, muy sabroso.
Y en México, ¿cómo inició la radio?
(Arch. 22 29:20-36:10) JH: A partir de los años 19, un estudiante apellidado Tárnava / se trae uno de estos transmisores y lo adapta, para poder mandar música, o sea le adapta un fonógrafo de la época y empieza a hacer pruebas en Mty mandando música nada más por diversión. Esto pasa en 21, al mismo tiempo que lo hacía la KDKX en Pittsburgh, montada por la Westinghouse / Se desarrolla la radiodifusión aquí en México. Mi papá se va a los EEUU a pretender estudiar la carrera de ingeniero mecánico / pero a su familia se le acaba el dinero y José de la Herrán padre tiene que trabajar de lo que sea / repartir telegramas, se compra una bicicleta, me acuerdo que me decía: ‘compré la bicicleta que me costó 8 dólares, a pagar en una casa de empeño, a pagar un dólar a la semana’, y con esa bicicleta repartía telegramas. Un día, le lleva un telegrama a un hombre en Nueva Jersey. En la mesa del comedor, De la Herrán ve acumuladores, alambres que subían y bajaban. Mi papá se queda fascinado y le pregunta al señor Jones: ‘estoy haciendo comunicación de radio’. Le cierra la puerta y se va mi papá. Al llegar a la oficina de telégrafos, José de la Herrán pide llevar todos los telegramas dirigidos al señor Jones. Pronto, Jones advierte el interés del joven mexicano. ‘Qué le interesa tanto a usted la comunicación’. Sí, he estado yendo a la biblioteca de la calle 42 en NY, a estudiar esto y quiero saber más. Le ve tanto interés el señor Jones, que le propone –era invierno, enero, ir en bicicleta en NY en enero es una experiencia que se las recomiendo a todos (risas) para entrar en calor, sí-. Y le propone: ¿cómo se llama usted? Me llamo José de la Herrán. Si usted me pinta mi casa en primavera yo le enseño todo lo que sé de radio. Imagínense, la universidad abierta gratis, porque desde luego lo alojó en su casa, le dio de comer y le enseñó todo lo que sabía el señor Jones. / Y así fue como en 1922 José de la Herrán padre volvió a México con el conocimiento tecnológico en radio más avanzado, contactó a sus amigos en la secretaría de Guerra, quienes lo recomendaron al coronel Ramírez, que más tarde sería general. / “Acaba de llegar nuestro compañero de estudios, trae lo último que se sabe en cuestión de transmisión de radio”. El coronel se interesa, lo llama y le dan facilidades para que construyera una estación de radio.
Preguntas del público
(Arch. 24  9:46) Graciela Bernal: convergencia tecnológica / cómo entiende usted ese concepto / y cuál es su punto de vista sobre el futuro o lo que va a suceder en este país a partir de esa discusión y de ese debate.
JH: La última pregunta se la contesto refácil: Quién sabe qué va a suceder en este país (risas), porque hay cambios muy importantes sobre todo en la parte financiera y económica que pueden frenar cualquier proyecto que se haya desarrollado. Creo que usted se refiere a la radio digital. / Si no se demuestra que haya una necesidad de hacer el cambio no se ve una lógica para realizarlo aunque la tecnología esté disponible y si los costos son tales que no son accesibles a la mayoría de la población / con los millones de radios que hay que funcionan analógicamente, no le veo ninguna ventaja para el gran público, creo que más bien es una desventaja. Ahora bien, que si la calidad es mejor pues caramba, si la calidad de la programación fuera mejor yo la preferiría aunque la calidad de la transmisión no fuera tan buena, francamente.
El tiempo se acaba. Última pregunta del público y nos vamos…
(arch. 24 35:19) Ya pasamos por el telegrama, el telégrafo sin hilos, la radio, la tv, ahora Internet, sistemas digitales, mensajes instantáneos, ¿qué cree usted que venga para adelante, con sus décadas de experiencia, hacia dónde va la tecnología la comunicación?
La tecnología está obligada –o de plano la inteligencia del ser humano habría que cuestionarla- a no contaminar, no seguir destruyendo las cualidades originales de este planeta, por irresponsabilidad como se está haciendo. / Hay 800 millones de automóviles en el mundo quemando gasolina con una eficiencia miserable. ¿Se vale un comercial en un programa de radio? (CR: sí, en este sí). Por cada mil pesos de gasolina / de esos mil pesos, fíjense bien, 800 pesos se van en echar a perder la atmósfera, en contaminarla con CO2, con óxido nitroso y en calentarla. / Para no hablar de la eficiencia termodinámica, sino de la eficiencia del bolsillo, que esa todos la entendemos muy bien. Es un derroche absurdo el que se hace con 800 millones de automóviles quemando las reservas que son muy limitadas, echando a perder la atmósfera / habiendo soluciones técnicas desde hace cien años, que no se han aprovechado pues por conveniencia. / Lo que hay que hacer es llegar a una agencia de coches y decir señores, dónde están los automóviles de hidrógeno. No, señor, no nos han llegado. Entonces vuelvo cuando les lleguen. / Ese es el comercial que quería para los coches de hidrógeno.
FADE IN PIANO (arch. 26) FADE OUT, QUEDA DE FONDO.
(Arch. 25 0:04) JH: Y me fascinó la forma de tocar el piano de Agustín Lara / Y pensé en tratar de tocar como él. Cuando supe que él no había tomado clases de piano dije pues yo menos / Cuando me preguntan, ¿quién fue su profesor de piano?, digo: ‘el maestro Agustín Lara’, lo único que tengo que agregar es que él no lo sabía (risas).
SUBE MÚSICA DE PIANO
Café Scientifique con José de la Herrán, un espacio de ocio para pensar y platicar la ciencia, 3 de febrero de 2009. Reportó desde el Nautilus Irma Amézquita.

Auditorio Pedro Arrupe del ITESO. Guadalajara, México.

Auditorio Pedro Arrupe del ITESO. Guadalajara, México.

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